miércoles, febrero 24, 2010

Un año de retos y abandono


Luego de haber pasado más de un año, vuelvo a escribir en este blog. la verdad no sé por qué, de la misma manera que desconozco la razón por la que lo dejé abandonado por tanto tiempo.
Mientras les quito el óxido a mis metacarpios, creo tener muchas razones que se agolpan unas a otras. Nunca he trazado un esquema de lo que voy a escribir en cada artículo. Lo encuentro limitante y poco espontáneo. Pero conforme este aumenta en densidad, pienso que sí lo hubiera merecido.

En todo caso, una de las justificaciones que me sopla mi orgullo interior para dejar en blanco estas páginas fueron las toneladas de sucesos que pasaron (sobre mi) el año que ya se fue. Desde el nacimiento de mi segundo hijo Alejandro (que ya es un montón, tomando en cuenta los anexos impajaritables) hasta las crestas y valles en mi devenir laboral.

Sobre esto último debo decir que mi actitud frente al trabajo, más exactamente frente a la autoridad, ha sido poco conciliadora, y bastante crítica al mismo tiempo. Así fue en el 2009, lo cual me distrajo mucho de energía para hacer otras cosas.

Durante el 2009 trabajé captando clientes para un importante banco peruano. Pero de arranque sentí que mi relación con esa empresa sería de permanente cuestionamiento, tal como lo había sido con las anteriores. Y es que uno de mis principales errores es que suelo leerlo todo entre líneas. No soporto aquellos discursos motivadores típicos del "Sí se puede" que insultan la capacidad de la gente de darse cuenta que le están tomando el pelo. Me revienta el cinismo que se respira en los equipos de ventas, donde el chismorreo y el golpe bajo son cosa de todos los días y son perpetrados por las joyas de la corona: los vendedores estrella. No importa lo que hagan, la empresa no-ve-no-escucha-no-nada.

A eso se sumaron la gran cantidad de temas políticos, climáticos, sociales, familiares (locales y extralocales) que se fueron montando unos sobre otros conforme pasaban los meses. No fui capaz de elegir sobre cuál opinar primero y, aplicando el famoso "no dejes para mañana...", pues todo se acumuló en un inmenso cerro que finalmente sufrió un deslizamiento de toneladas de tierra y desdén por mi parte hacia este mi querido rincón de catarsis.

Sin embargo, derivé la discusión sobre los temas con quien podía, sobre todo entre amigos y familiares. Felizmente tuve esa posibilidad.

En el caso de mi familia, pienso que mis papás son los principales responsables de mi interés por el análisis y la discusión de todo lo que es noticia, así como de todo lo que no se quiere poner en ella. Miles de reuniones y sobremesas etiquetadas con los más variados temas son un gran tesoro para mi. Sin embargo, soy conciente que en una época esto también limitó mi capacidad de conversar sobre cosas triviales y con la chispa que tanto envidiaba a mis amigos de barrio de la juventud. Uno de ellos, Julio, me lo hizo ver con una sola pregunta: "¿Oe, por qué hablas en complicado?" Ese fue un hito en mi desarrollo social, me hizo ver muchas cosas que eran opacas hasta entonces.

Para matizar la cosa de un color civilizado-estresante, las deudas (Telefónica incluida, que me cortó injustamente internet), insomnios y grandes carencias, así como la necesidad de proyectarme (mejor dicho: catapultarme) a otro nivel de ingresos, ejerció en mi fuertes dosis de estrés, a pesar de lo cual (o tal vez , gracia a ello) pude ver el vitroven al final del túnel y diseñar nuevas estrategias de vida con carácter de muy urgente, para salir por él. Colegio, Salud y Comida se peleaban la primera opción para tumbarme de un sólo golpe.

Como parte de una nueva estrategia decidí retomar mis estudios universitarios, lo cual fue una gratísima experiencia. Me fue muy bien, pero lamentablemente tuve que dejarlo. Lo mismo pasó con el trabajo en el banco, aunque esto ni lo lamenté ni fue elección mía, ni del resto de trabajadores que fueron parte del 30% del "plan de reestructuración" decidido por el banco.

Ahora trabajo en Creatividad, en una Agencia de Eventos. Los ingresos no han mejorado, pero al menos hago lo que me gusta. De todas formas hay algo que nunca he dejado de hacer, y seguiré haciendo: buscar siempre mejores opciones de ingreso.

Ahora que lo pienso, creo que ya sé por qué decidí escribir de nuevo. Hacerlo me ha permitido, en estos pocos minutos, tener más en claro todo lo hecho y no hecho, verlo en blanco y negro, sentir que por algo se ha luchado, manteniendo principios a costa de metas, y amigos a costa de ellos mismos, pues nunca hubo un sólo reproche por mi precariedad a la hora de hacer "la chanchita".

Entonces, seguimos pa´lante. El éxito (tan relativo, tan demandado) se amoldará a la naturaleza de quien lo busca. En mi caso es la tranquilidad de mi familia, de tal manera que pueda heredarles honestidad y juego limpio. Si eso les convence o no, me lo dirán al cabo de algunos años. Tal vez encarándome de frente... o posteándome en su blog de adolescente inconforme.

A su veredicto me someto...

Imagen: Peña Ramiro

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