jueves, setiembre 07, 2006

LA PAZ ES UNA LOCURA

Es chiquita, menos de metro cincuenta. Su rostro coloradito no va con su cabello, decadas más jóven que ella. Nunca suelta esa sonrisa de paz interior y todo lo ve blanco. Su ropa, de pies a cabeza es blanca. Más bien era, gracias al tiempo y la poca importancia que parece darle a todo lo que no sea escribir en su cuadernito u organizar por enésima vez las decenas de botellas plásticas de las que se rodea.

Todos los días, camino al paradero, la veo sentadita en un jardín de la cuadra diez de pumacahua. Las veces que he pasado cerca (nunca la miro a los ojos) he podido atisbar la prolijidad con que llena todas y cada una de las hojas de su block con una letra derecha y pequeña, como ella.

También me ha sorprendido regalándome una sonrisa a la puerta de la bodega o haciendo su pichi parada en el parque de la iglesia San José, sin el más mínimo atisbo pudor o culpa.

Y pensar que el presente artículo era para sugerir la erradicación de los locos del mercado de jesús maría y alrededores, pero frente a este súbito recuerdo me es imposible insistir. O tal vez pueda pedir una única excepción...

1 comentario:

Angelica dijo...

Creo haberla visto tambien! que coincidencia, vivo en ese distrito. Ella suele sonreir con mas facilidad a los hombres.